La maestra de José Antonio Lucero


Paseando por La Orotava durante nuestras vacaciones en Tenerife vi un cartel que me gustó por su estética. Anunciaba la presentación “El alumno” de José Antonio Lucero en ese pueblo precioso de Tenerife. Recordé que José A. Lucero es un profe que escribe y que tenía sus dos libros anteriores por la misma razón porque me gustan sus portadas. Ese es el punto de inicio y después porque por los materiales que tiene publicados es un docente al que le gusta enseñar de forma amena a sus alumnos. Le gusta llegar al alumno para que ame aquello que a él le fascina, en este caso la historia y la literatura. A José A. Lucero me une la pasión por ese olor a lápiz mezclado con goma que los docentes conocemos tan bien por ser al que huelen las clases vacías cuando entras por las mañanas.

No tenía “El alumno” pero aquella misma noche acabé el libro que estaba leyendo y busqué en mi ebook, el anterior “La maestra”.

Para los que no me conocen os diré que he sido docente y que he disfrutado de mi profesión a pesar de su complejidad. Los retos que cada día plantea un aula son absolutos, donde cada día es una experiencia única, aunque agotadora. Compartir una de mis pasiones con la lectura ha sido una maravilla.

La Maestra” de José Antonio Lucero ha pasado por mis manos como un suspiro. Al sumergirme en las vidas de Lali y Juana, dos maestras de la República, me he sentido como en casa. Ambas apasionadas por la enseñanza, relacionandose con los alumnos desde la cercanía me han resultado profundamente familiares. 

El dolor que tuvieron que soportar docentes como Juana y Lali, encarceladas y apartadas de su profesión de por vida tras la victoria del fascismo en la Guerra Civil, refleja una herida que aún no ha sido valorada en toda su magnitud. Esa represión significó la pérdida de un movimiento educativo reformador y especialmente innovador cuyas consecuencias apenas hemos empezado a comprender.

Este libro es, en esencia, un ejercicio de memoria histórica: una invitación a conocer para no olvidar lo que las aulas de nuestras escuelas perdieron con la llegada del fascismo, no solo en su filosofía de trabajo, sino también en sus formas de educar. Nos explica qué significa enseñar situando al alumno como verdadero protagonista del proceso. También pone el foco en la injusticia que supuso apartar de la docencia, e incluso forzar al exilio, a personas marcadas únicamente por su manera de enseñar o, simplemente, por atreverse a descolgar un crucifijo de la pared del aula, en tiempos en los que solo cabía una religión y una sola forma de pensar.

“La maestra” puede considerarse novela histórica, pues nos transporta al mundo educativo de los últimos años de la República y a ciertos acontecimientos de la Guerra Civil, reflejando el impacto que la victoria del bando franquista tuvo sobre los educadores. Podía haber sido una época crucial para la educación, en la que de las Escuelas Normales salían maestras con ideas renovadoras, ansiosas por llevarlas a la realidad de las aulas.

La novela está estructurada en torno a una doble línea temporal que, gracias a la indicación de los años, facilita la contextualización, lo que se agradece. Lali es una joven que inicia su andadura como maestra en un pequeño pueblo, sustituyendo a Juana, una docente experimentada y mujer moderna, de ideas progresistas, que reivindica el papel de la mujer en la sociedad. Lali, acompañada por su padre en su mudanza, ese hecho nos permite visualizar la situación de la mujer en aquella época llega a su primer trabajo, nos comparte las dudas y temores que le surgen de su falta de experiencia docente. A través de Juana, Lali aprende de manera vivencial todo aquello que había estudiado y que deseaba llevar a su aula. Tras la victoria franquista, ambas son encarceladas y juzgadas por su forma de trabajar y educar.

La historia nos lleva también a los años setenta, donde encontramos a una Lali ya mayor, separada de la docencia tras haber sido depurada y privada de su título al finalizar la guerra. Es entonces cuando aparece Alba, una joven abogada deseosa de conocer y remover el pasado de Lali descubren que tienen algo en común. A partir de aquí, ambas líneas temporales se entrelazan.

La prosa de José A. Lucero es ágil y envolvente, como si se tratara de literatura oral, lo que facilita situarnos y visualizar el contexto en el que se mueven los protagonistas. Los personajes están trazados con gran detalle y, gracias a la trama, he descubierto la absurda y perturbadora investigación sobre el llamado “gen rojo”, algo que desconocía. El autor se posiciona ideológicamente, pero no deja de poner de manifiesto las debilidades del bando contrario.

El final resulta, a la vez, previsible y sorprendente. Una historia para pasar un buen rato y si eres docente más aún.





Comentarios