Mil cosas de Juan Tallón
“Mil cosas” es, sin duda, el único titular que puede hacer justicia al libro de Juan Tallón. Es la expresión que mejor encapsula el torrente de situaciones que enfrentan Travis y Anne justo la víspera de sus ansiadas vacaciones anuales. El autor nos sumerge en un solo día de esta joven pareja, padres del pequeño Iván, un bebé que apenas comienza a descubrir el mundo, mientras sus padres sobreviven a la avalancha de tareas, responsabilidades y expectativas que pesan sobre ellos.
Ambos protagonistas avanzan a duras penas, aferrándose a la promesa de un descanso, de ese mañana que promete liberarles del caos cotidiano. Tallón, con una maestría prodigiosa, logra no solo que el lector sienta el vértigo y la extenuación de ese día —como si en vez de estar sentado en un sillón cómodo, estuviera corriendo junto a los personajes— sino que además, nos obliga a mirarnos en ese espejo incómodo y preguntarnos: ¿cuántas veces hemos vivido así, esperando simplemente a sobrevivir la jornada para empezar a vivir de verdad el fin de semana o en las ansiadas vacaciones?
La narración de Tallón es un ejercicio de empatía y lucidez. Nos fuerza a reflexionar sobre ese modo automático que, sin darnos cuenta, adoptamos en nuestra rutina: postergamos la felicidad, soñando con esos breves paréntesis de descanso mientras el resto de los días se nos escurren sin apenas sentirlos. ¿Cuándo fue la última vez que habitamos plenamente un día común? ¿Cuántas veces hemos sentido que la vida real está esperando más allá, en un futuro cada vez más aplazado?
Pero es el golpe final, ese giro abrupto e inesperado, lo que convierte esta novela breve en una experiencia imborrable. Tallón lanza una bofetada emocional que nos deja sin aliento, obligándonos a detenernos, a releer, a asimilar la crudeza de lo inesperado. Sufrimos con Travis y Anne, empatizamos de tal manera que cuesta desprenderse de esa sensación amarga y real que deja el desenlace. Es una sacudida que cala hondo y que nos hace repensar nuestra manera de vivir y de esperar.
En apenas 90 páginas, el autor nos ofrece una radiografía de la vida moderna: un reflejo tan certero como incómodo, que invita a la introspección y a replantearse el sentido del tiempo y la felicidad. La vida auténtica está aquí, en el ahora, y, sin embargo, nos empeñamos en aplazarla, en no sentirla de verdad.
“Mil cosas” ha sido mi primera lectura del año y no puedo imaginar un mejor punto de partida para reflexionar, despedir el año que se va y abrir el nuevo con el firme propósito de no dejar escapar ni un solo día. Una novela corta, intensa y necesaria, que no solo se lee, sino que permanece y duele.
Nada nuevo, pero algo que va de perlas, que alguien te lo recuerde de tanto.
Por supuesto, altamente recomendable para quien desee mirarse de frente y cuestionarse el modo en que está viviendo.


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