Tatá de Valérie Perrin
La noticia de la muerte de la tía Colette deja a su sobrina Agnès completamente conmocionada. Aunque la sorpresa va más allá: su tía Colette, a quien enterraron hace más de tres años, es la protagonista de este inesperado suceso. Para Agnès, su tía había sido una figura clave en su infancia, una presencia cálida y esencial, la persona que supo abrazar los abandonos emocionales que dejaban sus padres entregados a la música.
Esta revelación empuja a Agnès a regresar a Gueugnon, la ciudad donde vivía su tía y donde ella pasó algunos de los días más felices de su niñez. Ahora, Agnès es directora de cine, se encuentra creativamente bloqueada, y sigue sintiendo la herida de un divorcio con el actor que fue la pareja que al mismo tiempo protagonizaba sus películas y además con quien tuvo su amada hija.
La originalidad de Colette no termina con su dos muertes, porque le deja a Agnès una maleta llena de antiguos cassettes grabados por ella misma, en los que poco a poco desvela los secretos y las verdades ocultas que han marcado a su familia. Suerte que junto a los cassettes en casa de su tía encuentra el antiguo magnetofón que le regaló ella misma. Así es como la voz de Colette se convierte en el hilo conductor de una historia conmovedora y nostálgica, que invita al lector a acompañar a Agnès en un viaje lleno de emociones, recuerdos y descubrimientos. Aunque más adelante veremos que no será la única narradora de la novela.
El relato, estructurado como un largo flashback de casi 600 páginas, fluctúa entre pasado y presente con una fluidez que atrapa y envuelve, dejando al lector con ganas de seguir leyendo incluso cuando el libro se acerca a su fin.
Valérie Perrin, autora que ya demostró su fascinación por los cementerios en “El secreto de las flores”, vuelve a jugar con el simbolismo de las tumbas y la memoria. Los saltos temporales, entre el ayer y el hoy, se presentan de manera natural y clara, permitiendo adentrarse en la vida de una amplia galería de personajes, cada uno con sus propios conflictos y matices. Todos están cuidadosamente perfilados, encajando a la perfección en la compleja trama y dotando de verosimilitud a la novela.
“Tatá” es mucho más que la historia de Colette y Agnès; es un mosaico de vidas entrelazadas, una red de temas sugeridos y misterios que se entretejen con delicadeza. Aunque algunos asuntos quedan solo esbozados —quizá para mantener ese aire enigmático que la autora imprime a su obra—, cada página destila sensibilidad y profundidad suficiente para dejar huella. El suspense y el misterio que aumentan en el tramo final, casi con ritmo de thriller, elevan la tensión y sorprenden al lector, quien descubre que la segunda muerte de Colette es solo la punta del iceberg, puesto que existen secretos mucho más profundos, esperando ser desvelados.
Si “El secreto de las flores” me fascinó por su capacidad de emocionar, “Tatá” me ha emocionado tanto como aquella. Resulta una novela tan envolvente y rica en matices que elegir entre ambas se convierte en una tarea imposible. He disfrutado vivir unos días en este universo de recuerdos, secretos y redención junto a Agnès.

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