El valle del Hierro de Ane Odriozola
Llegué a "El valle del hierro", de Ane Odriozola, por una de esas casualidades que te regala la vida. Alguien me había recomendado "Al subir la marea", de la misma autora, y tirando del hilo descubrí esta joya escrita anteriormente.
Leyendo la sinopsis, me tiré de cabeza a ella por una conexión vivida en ese valle. El título me tocó de cerca recordé que hace unos años, de vacaciones por el País Vasco, descubrí el Valle del Hierro y visité la ferrería de Mirandaola, en Legazpi. Es la única que queda en pie en la zona, hoy restaurada y convertida en un museo vivo donde aún puedes ver los fuelles y el martillo en funcionamiento. Viajar allí es viajar en el tiempo. En el siglo XVI, el valle bullía con seis o siete ferrerías en marcha. Era una zona próspera gracias al esfuerzo de familias enteras: los carboneros, que fabricaban el combustible de la madera de los bosques de alrededor, y los ferrones, que moldeaban el mineral al rojo vivo. Una vida durísima; entraban el lunes y no salían hasta el sábado, consumidos por el humo y el esfuerzo.
Si quieres verlo: https://www.eitb.eus/es/television/programas/basquexperience/videos/detalle/6856562/video-visita-ferreria-mirandaola-valle-hierrolegazpi-2019/
En este escenario impecable, Ane Odriozola teje una novela histórica soberbia. La trama arranca con fuerza: la desaparición de Domingo Harria, un carbonero local. No será la única sombra que planee sobre el valle, desatando un clima de sospecha absoluto. Asencia, la viuda, desconfía abiertamente de los dueños de la ferrería Mirandaola donde su marido fue visto con vida por última vez.
En paralelo conocemos a Ginés, un zapatero viudo que adopta a una niña con un pasado desgarrador. La bautiza como Jurdana, el nombre de su difunta esposa. La novela avanza y las vidas de Jurdana —que pronto queda desamparada— y de la familia Harria se entrelazan de forma inevitable.
Si algo brilla con luz propia en este libro son las mujeres. Los personajes femeninos tienen una fuerza descomunal. Más allá de Asencia y Jurdana, me cautivó la dulzura de Inesita y el coraje de Catalina. La novela retrata sin filtros la crudeza de la época para ellas, siempre a la sombra de los hombres, pero con una dignidad arrolladora.
Ane Odriozola domina la ejecución. Logra un equilibrio perfecto entre el rigor de la novela histórica —donde el paisaje vasco es un personaje más— y la tensión de un buen suspense. El suspense se cocina a fuego lento alrededor de una gran mentira; un secreto enterrado para salvar el pellejo que te mantiene en vilo hasta la última página.
Aplaudo "El valle del hierro" por su ambientación impecable, sus personajes femeninos colosales y un misterio tan bien hilado que devoras sus casi 600 páginas sin darte cuenta. Es de esas lecturas que te arropan, un refugio al que vuelves deseando conectar con el placer de una historia extraordinaria.


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