Casa de Alejandro Palomas
Confieso que tengo una adicción: leer a Alejandro Palomas. Disfruto con todo lo que escribe, hasta cuando lo hace en un pie de foto. Por eso, no es de extrañar que con “Casa” haya gozado muchísimo.
Pero es que además ha conseguido hacerme viajar en el tiempo. Me ha llevado a aquellos sábados de mi infancia en los que visitaba la casa de mi abuelo Manolo. Él era ciego a causa de un accidente de tráfico, y mi gran misión era leerle la quiniela infinitas veces hasta sabérsela de memoria para que él los domingos pudiera seguir sus aciertos escuchando los partidos de fútbol en el transistor.
Leer las tiernas conversaciones entre Mika y su abuelo Tadeo ha sido volver a esa sensación de amor abuelo-nieta que viví en mi infancia.
"Casa" es uno de esos libros en los que entras una tarde y, de repente, descubres que la oscuridad te envuelve porque ya ha anochecido. Las horas pasan tan dulcemente que ni te das cuenta. Siempre he creído que escribir desde la mente de una niña de siete años no debe de ser fácil, pero Alejandro nos sumerge en la magia de la curiosidad infantil de forma asombrosa.
En este libro narra la íntima relación de un abuelo y su nieta. Donde el abuelo tomando como excusa el proyecto de creación de un bosque tras una pregunta de su nieta, llena de ingenuidad se aprovecha para llenar de luz los procesos de duelo y pérdida que viven en la familia, tras el fallecimiento de la abuela, el divorcio de los padres de la Mika y la difícil relación entre Tadeo y el padre de Mika. Además de trasladar a su nieta aprendizajes plenos de fundamentos humano y sociales para su evolución
Mika pregunta y pregunta tanto como solo saben hacerlo los niños y Alejandro nos muestra lo que ella construye a partir de las respuestas del abuelo. Tadeo habla con Mika acercándose a su edad, aunque siempre desde la verdad. Los niños solo necesitan la verdad para interpretar el mundo en el que viven y en esta novela vemos como lo hace Mika de una forma deliciosa. Mika posee una intuición brillante para captar lo invisible y más adelante tras el trágico accidente de gas que sufrió en la ciudad su abuelo llega a ser capaz de interpretar sus silencios.
También comprobamos que los animales vuelven a ser personajes importantes en su novela. El perro sordo y viejo, Rolo, símbolo de lealtad y Frida, un cachorro de zorra, herida y necesitada de cuidados y atenciones. Ambos animales llenos de simbología en la historia.
El accidente de Tadeo y el divorcio de los padres de Mika obligan a la familia a mudarse al pueblo. Es allí donde la novela da un gran giro y Mika debe poner en práctica la paciencia y las lecciones de su abuelo. Para ellos, este lugar se convierte en un refugio, entendido no solo como espacio físico, sino como un proyecto de vida compartido con el padre de Mika.
Con esta historia, Palomas revaloriza a nuestros mayores y cuestiona a una sociedad que demasiadas veces los aparta y deja de escucharlos.
Aborda el duelo y las heridas emocionales de una forma tan natural que, lo que podría haber sido una historia destinada a arrancar lágrimas, termina convirtiéndose en una novela que te deja el corazón calentito mucho después de cerrarla.
Todos necesitamos un refugio donde sentirnos protegidos del mundo exterior. Si aún no habéis encontrado el vuestro, os invito a tomar nota descubriendo el que Palomas ha diseñado en “Casa”

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