Con amor, mamá de Iliana Xander
“Con amor, mamá”, de Iliana Xander, es uno de esos thrillers que, en un primer momento, despiertan más recelo que curiosidad. Tal vez por esa insistencia casi omnipresente con la que el mercado editorial lo empuja hacia el lector. Cuando una novela me asalta desde todos los escaparates, mi impulso natural es apartarme de ella, dejar que el ruido se disipe y esperar a que sean otras voces —las de lectoras en las que confío— las que me inviten a acercarme.
Me incomodan esas novelas envueltas en un márquetin tan evidente que terminan apareciendo por todas partes, sobre todo cuando no tengo referencias previas de quien las firma. En el caso de “Con amor, mamá”, ni siquiera contamos con un rostro al que imaginar tecleando frente a la pantalla, mientras la sangre resbala por la escena del crimen que está describiendo.
Las primeras opiniones que me llegaron no eran alentadoras. Así que dejé el libro en ese limbo donde reposan las dudas, hasta que un día, por pura casualidad, lo tuve en las manos en una librería. Estaba ahí, expuesto, invitando a ser abierto. Leí unas páginas… y supe que ya no habría vuelta atrás se venía conmigo a casa.
Porque eso es, en esencia, “Con amor, mamá”: un thriller ágil y vertiginoso que te atrapa en el primer instante.
Todo podía haver quedado en esa primera gran frase que el autor ha sabido muy bien encontrar. pero no, en este caso la lectura consigue avanzar con una fluidez casi hipnótica. Los capítulos, breves y afilados, se cierran siempre en el punto justo, dejando en el aire una tensión que empuja irremediablemente hacia el siguiente. No pretende ser una gran obra, de gran profundidad temática, ni un estudio detallado de sus personajes. Su fuerza reside en otra parte: en el ritmo, en los giros impactantes que no conceden tregua.
La historia nos conduce por el interior de una familia marcada por secretos y recelos. No hay en ella figuras particularmente cálidas; más bien al contrario, a medida que se conocen sus miembros, emerge una distancia incómoda entre ellos y el lector, incluso despiertan cierta antipatía. Todo ello dentro de un entramado de relaciones que ayudan a sostener la intriga.
La historia despierta con la muerte de una famosa escritora de thrillers. Mackenzie, la hija de la fallecida, inicia una investigación junto a su amigo EJ desde el mismo día del funeral. Un sobre, unas páginas arrancadas de un diario, parece que de su madre una célebre escritora de thrillers que sin embargo nunca supo ser madre.
A partir de ahí, con la llegada constante de nuevos sobres y mediante flashbacks narrados por distintas voces, la novela va avanzando capítulo a capítulo. Poco a poco se van desvelando las curiosidades y los secretos de la peculiar familia, mientras crece el temor de que Mackenzie y su amigo no logren llegar al final del camino antes de descubrir toda la verdad.
Conviene no saber mucho más. Porque una de las grandes virtudes del libro es, precisamente, su capacidad para sorprender. Cada revelación encuentra su lugar, alimentando una lectura que se sostiene sobre la expectativa constante. Con tanto giro vivido durante la lectura es curioso sentir que las sospechas que se despiertan en ti hacia el último tercio del libro no serán finalmente ciertas y vivirás un nuevo giro de timón de la escritora. Asombrosamente te ves sumergida en un mundo pleno de incertidumbre por lo que sucederá en la siguiente página.
No es, quizá, el mejor thriller que haya leído, pero tiene algo difícil de lograr: vuela entre las manos. Es adictivo, dinámico y profundamente entretenido.
Sigo sin saber quién es realmente Iliana Xander. Me gusta conocer la voz que vive detrás de las páginas, ponerle un rostro a una historia escrita. Aquí eso no es posible. Y, aun así, termino aceptándolo. Porque, aunque su prosa no destaque por un brillo excepcional, hay en ella un dominio indudable del ritmo, una intuición clara para sostener la tensión guiando al lector hasta el final.

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