La Cámara de las Maravillas de María Oruña
"La Cámara de las Maravillas", de María Oruña, es una novela de intriga centrada en los robos dentro del mundo del arte que incluye, además, alguna que otra muerte por el camino. Como seguidora fiel de la autora, esta lectura me confirma que lo seguiré siendo; tras haber leído casi toda su obra, admito que me resulta difícil establecer un ranking dentro de su bibliografía.
En esta historia aparecen personajes con los que he conectado en distinto grado. Curiosamente, en esta ocasión los profesionales de la investigación no son quienes llevan el mayor peso de la trama, sino que ceden el protagonismo especial a los propios implicados en el misterio.
Entre ellos destaca Dimas Chevalier, un ladrón de guante blanco supuestamente rehabilitado. Es un perfil con el que resulta fácil empatizar y cuya culpabilidad te hace dudar constantemente. Este personaje despierta una interesante doble moral: sabemos que es un delincuente que se salta la ley, pero su carisma lo vuelve simpático y, en cierto modo, moralmente excusable ante los ojos del lector. En la trama, Dimas intenta salvaguardar su imagen ayudando a Amanda Mendoza, hija del empresario coleccionista y propietario de las piezas sustraídas.
La familia Mendoza es el otro pilar clave de la historia. Dueños de las obras requisadas en su Palacio Dorado, representan un complejo entramado de intereses artísticos. El padre, obsesionado con el coleccionismo y la posesión absoluta, contrasta fuertemente con sus hijos, quienes muestran una implicación y una conexión con el negocio familiar muy diferente entre sí.
Como mencionaba, los investigadores ocupan aquí un plano secundario. Aun así, resulta muy curioso el diseño de un detective que viste de forma llamativa, poco discreta, y que es un apasionado de las novelas y las frases de la gran Agatha Christie. Más allá de su papel policial, su presencia parece diseñada para reforzar esa atmósfera clásica al estilo "Agatha" que María Oruña ha querido imprimir a la obra.
En el trasfondo de la trama subyace un debate muy sugerente: la legitimidad de poseer obras de arte procedentes del expolio o del legado colonial, piezas que hoy en día se exhiben en museos de renombre. La novela no se posiciona de forma doctrinaria, sino que deja al lector la total libertad de formarse o mantener su propia opinión.
Antes de terminar, debo añadir un pequeño "pero". Me resultó desconcertante que, dentro de un mismo capítulo, se produjeran cambios de lugar, situación o personajes de un párrafo a otro sin una transición clara. Como suelo leer antes de dormir, en ocasiones llegué a pensar que me había despistado yo misma. Me costó acostumbrarme a este recurso narrativo y, por momentos, me generaba cierto rechazo.
En definitiva, María Oruña nos ofrece una novela muy entretenida, con los ingredientes necesarios para mantenernos atrapados en la lectura. Se percibe claramente su intención de profundizar en las interioridades del mercado del arte, un ámbito que algunos desconocemos (o al menos yo). Aunque la trama gira constantemente en torno a piezas artísticas, no es imprescindible ser un experto en la materia para disfrutar la lectura, aunque sí ayuda sentir cierta atracción por el tema para exprimir la historia al máximo.

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