Comerás flores de Lucía Solla Sobral
"Comerás flores" de Lucía Solla Sobral .
El libro se inicia con una dedicatoria que no deja indiferente: “Para las que todavía estáis en un coche a doscientos kilómetros por hora”. En un primer momento, esta frase puede resultar enigmática; sin embargo, una vez finalizada la lectura, el significado lo sientes demoledor.
Este novela destaca, ante todo, por la contundencia de sus frases cortas al inicio, que funcionan como pequeños golpes de martillo que te van entrando muy adentro. De esta forma en las primeras páginas, Marina, la protagonista, nos introduce de lleno en un estado depresivo explicado por el duelo que atraviesa tras la muerte de su padre.
Anclada en ese duelo, la narración nos muestra más adelante cómo todas sus rutinas y los puntos de apoyo en los que se sostenía su vida se van viendo alterados por la irrupción de un hombre que, bajo la apariencia de un amor envolvente —con todas las comillas del mundo—, la va encerrando poco a poco en una prisión de barrotes invisibles. Se trata de un hombre, veinte años mayor que ella, que la colma de atenciones y lujos externos, lo que contribuye a confundir a Marina y a atraparla de una manera que, como lector, percibes inmediatamente que no puede acabar bien. De este modo, Marina se va hundiendo progresivamente en el horror de una prisión tejida por un amor que domina, controla, oprime y, finalmente, asfixia. Enseguida entiendes que eso no puede ser amor. Lo más admirable, en este sentido, es que acompañas el dolor de la protagonista sin haber llegado a sentirla especialmente cercana; incluso sin lograr conectar plenamente con ella, Lucía Solla consigue que experimentes su sufrimiento de tal manera que deseas poder tirar de ella hacia ti y sacarla de las páginas del libro.
No se explicar con sinceridad si la novela me ha gustado o no. Basculo de un lado hacia el otro. Estoy en "es una novela genial, pero no". En cuanto a la historia, considero que es fundamental escribir muchas veces sobre estos temas, pues existen multitud de Marinas perdidas en la necesidad de amor que terminan inmersas en relaciones tóxicas de este tipo u otro. No obstante, como experiencia lectora, encuentro algunos reparos, especialmente en la construcción de los personajes. Por un lado, Marina expone con claridad sus sensaciones, su dolor, sus dudas y sus temores; sin embargo, resulta complicado llegar a visualizarla o a definirla con precisión. Por otro, Jaime actúa como "el seductor", el hombre que añade a su vida un objeto decorativo más, encarna claramente el arquetipo del dominador, aunque sin que lleguemos a conocer detalles relevantes de su personalidad. Este sería mi no.
Indudablemente Lucía Solla la clava en lo de incomodar con este libro, en ofrecer una imagen precisa y certera del maltrato psicológico; ese que se ejerce sin golpes, pero que es capaz de anular a la persona hasta conducirla, irremediablemente, hacia la autodestrucción. Este es mi si.


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