Septiembre negro de Sandro Veronesi
Sandro Veronesi es un escritor del que, hasta ahora, solo había leído una novela: “El colibrí” fue en el 2021. Suficiente para no olvidarlo. “El colibrí” fue una de esas historias que permanece en mi ranquing de novelas inolvidables; puede que con el tiempo llegue a olvidar su contenido, pero lo que no olvidaré será la agradable sensación que me dejó su lectura.
Ahora he leído “Septiembre negro” y, con ella, he vuelto a sentir la ternura que me despertó “El colibrí”. En “Septiembre negro” acompañamos las vacaciones de verano de Gigio en Fiumetto, una localidad costera de la Toscana donde Gigio, su hermana pequeña Gilda y su madre irlandesa pasan los meses estivales de forma habitual. El padre, abogado destacado, permanece trabajando en Florencia y solo se acerca a Fiumetto para compartir los fines de semana con la familia. Así, Gigio vive como adolescente esa etapa en la que comienza a descubrir algo que va más allá del círculo familiar. Se siente atraído por la música, por la lectura, y gracias a su amiga Astel, esos intereses se acercan a un nuevo mundo, llevándolo a despertar al amor. De manera abrupta, Gigio atraviesa el tránsito de la niñez a la adultez, enfrentando este cambio de forma cruda en un “Septiembre negro”. La tragedia familiar y personal que experimenta coincide con la violencia de los atentados ocurridos durante los Juegos Olímpicos de Múnich y el asesinato del niño Ermanno Lavorini (una desgracia muy conocida que en este caso no recordaba).
La narración en primera persona de Gigio, ya adulto, es quien nos guía con detalle a través de sus recuerdos de aquel verano y antes de acabar su historia nos ofrece un epílogo en el que cierra la historia de sus protagonistas.
Los personajes que rodean a Gigio enriquecen la historia: sus padres, con las contradicciones que como hijo percibe; su inteligente hermana pequeña, con quien comparte el trauma familiar; el rebelde tío Giotti, a quien imita utilizando su reivindicación particular, dejando siempre algo en el plato de la comida que le ponen; y especialmente su amiga Astel, con la que vivirá los grandes descubrimientos del momento y con la que compatirá lo que para él es lo mejor del verano.
El ritmo de la narración es pausado, se detiene en los detalles, pero nunca resulta aburrido porque la trama avanza con ambiente de suspense, algo intuyes que va ocurrir. La prosa envuelve de tal forma que puedes sentir y ver el paso del verano junto a Gigio hasta que la tragedia lo desmonta todo.
La vivencia de Gigio resulta cercana, aunque mi adolescencia está lejos en el tiempo. Por la edad o por la época "Septiembre negro" me ha recordado mis propios veranos sin escuela: aquellos días que se sucedían lentos, con mucho tiempo por ocupar, que vivía alejada de mis amigos de clase, con la obligación de buscar nuevas relaciones para demostrar que disfrutaba, con algunos momentos de aburrimiento exasperante y también con esas pequeñas incursiones prohibidas en el mundo de los adultos, que se convertían en experiencias únicas.
La fotografía que Sandro Veronesi realiza del paso por la adolescencia es milimétrica. El vocabulario y su lenguaje están cuidados, bellos, muy cercanos al empleado en "El colibrí", y al mismo tiempo ligeros y naturales.

Comentarios
Publicar un comentario
Me alegrará saber que has pasado por aquí, deja tu comentario